Pocos recuerdos son tan poderosos como los que guardamos de nuestra infancia. Una fuerza desconocida nos hace rememorar de tanto en tanto detalles de aquel tiempo, como los dibujos animados que veíamos, los juguetes con los que jugábamos o las golosinas que nos daban nuestras madres. Bill Bryson recuerda en Aventuras y desventuras del Chico Centella su infancia en los Estados Unidos de los años 50.

Como muchos compañeros de generación, Bill Bryson creció fantaseando con ser un superhéroe: provisto de una vieja sudadera con un rayo sobre el pecho y una toalla atada al cuello, patrullaba su casa y su vecindario, saltando altos edificios y derrotando a villanos y malandrines (e imbéciles) -en su imaginación- como “El chico centella”. Bill Bryson recrea la vida de su familia y de su ciudad natal durante la década de 1950 en toda su trascendente normalidad. Era una época feliz, en la que coches, televisores y electrodomésticos (por no hablar de las armas nucleares) ganaban en número y tamaño con cada año que pasaba, y en la que el tabaco y la lluvia radioactiva provocada por los ensayos nucleares se consideraban inocuos. A un tiempo tierno y desternillante, Aventuras y desventuras del chico centella, está a la altura de cualquiera de los maravillosos libros que Bill Bryson ha escrito hasta la fecha y encandilará a quienes en algún momento fueron niños.

Detalle de la portada de mi edición en inglés

Bill Bryson no tuvo una infancia cualquiera. Cuando era pequeño descubrió en su sótano un viejo jersey gastado con un gran rayo en el centro del pecho. Descubrió que tenía superpoderes que le permitían fulminar con la mirada a todos aquellos que le molestaban. Había nacido el Chico Centella.

Aparte de ser un “superhéroe de incógnito”, Bill Bryson recuerda cómo era la vida de la época: la aparición de los electrodomésticos, el inicio de la energía nuclear o los cómics que leía. Además nos hace un retrato único de su familia, sobre todo de su padre y de su madre. Nunca olvidaré el relato de cómo su padre hablaba con un policía mientras se ocultaba detrás de una puerta porque solía andar por casa con el culo al aire

Es increíble cómo Bill Bryson tiene la capacidad de hacer cómicas las situaciones cotidianas. Además, a pesar de que habla de los años 50, yo me sentí identificada con más de una situación (los años 50 estadounidenses deben ser como los 70-80 españoles).

Más que recomendado por mí (y por muchos de mis compañeros de la librería), este Chico Centella puede ser un gran regalo para treintañeros con nostalgia. Aún así, yo soy veinteañera y me lo he pasado pipa.

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Título: Aventuras y desventuras del Chico Centella

Autor: Bill Bryson

Editorial: RBA

Págs: 336

EAN: 9788498678987

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  • http://eluniversodeloslibros.blogspot.com Tatty

    Tiene muy buena pinta, sobre todo por hacerte recordar los años de la infancia y por descubrir un poco más de esos años, aunque sea en EEUU
    un beso

  • http://strange-library.blogspot.com/ Oscar

    El humor de Bryson alcanza a veces puntos delirantes. Me lo paso bomba con muchos de sus libros. Especialmente con los artículos de “Historias de un gran país”, donde demostraba su capacidad para ridiculizarse a si mismo, a la vez que al igual que en este libro, transmite esa sensación de añoranza de un país que ha desaparecido, en el que ya no puede encontrar un buen “Diner” americano para comer o en el que los niños carecen de estímulos para la imaginación, o la capacidad para hacer de un palo y un trapo una espada y una capa. Me gustaron mucho estas memorias, me parecieron muy creíbles…

    Saludos.

  • http://masteatro-lomioespuroteatro.blogspot.com/ masteatro

    De vez en cuando leo en inglés ¿Tiene un estilo asequible?

  • http://strange-library.blogspot.com/ Oscar

    Si, es un inglés bastante sencillo de leer. Ameno y no se hace pesado o usa recursos estilísticos excesivamente complejos. Tanto este como la recopilación de artículos que menioné antes se leen con tranquilidad.
    Un saludo.

  • http://aqui-me-quede.blogspot.com/ Luisa

    Pues habrá que tenerlo en cuenta. Yo soy treintañera y me ha gustado lo que nos cuentas.
    Un abrazo.


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