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Rara vez leo libros sobre cantantes o gente famosa en los que cuentan su vida y sus pensamientos. Pero cuando vi este libro de El Chojin, con ese título de “Ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites” pensé que podía leerlo, que podía ser interesante. Tengo unos gustos musicales bastante eclécticos que van desde Laura Pausini y Alex Ubago hasta el metal de Sonata Arctica pasando por el hip hop español. En este último, uno de mis favoritos es El Chojin. He escuchado muchas veces sus canciones, ahora voy a reseñar su libro.
Ser feliz es, muchas veces, más fácil de lo que crees. Puede estar en tus manos y, sin embargo, excusarte en lo que no tienes o en lo que no eres. El Chojin te descubre cómo es posible encontrar, en los pequeños detalles de la vida, motivos para dibujar una sonrisa. Aprenderás a valorar lo que te rodea, lo cotidiano, aquello que, al fin y al cabo, es el marco en el que se desarrolla lo más extraordinario que tienes: tu vida. Saca provecho a tus vivencias, porque quizá la llave de la felicidad se encuentre en esta sencilla frase: «ríe cuando puedas y llora cuando lo necesites».
Si existe una saga de videojuegos que me encanta (aparte de Los Sims, jeje) esa es The Elder Scrolls. Hacía tiempo que le seguía la pista a esta novela basada en ese mundo y Timun Mas la publicó hace un par de meses. Todavía queda más de medio año para que la quinta entrega de esta saga salga a la luz, Skyrim, y yo necesito ir haciendo boca.
Cuatro décadas después de la crisis de Oblivion, Tamriel se ve amenazada de nuevo por un mal insaciable: sobre Umbriel, la ciudad flotante, se cierne una terrorífica sombra. La gente muere para volver a levantarse. Bajo la sombra de Umbriel, empieza una gran aventura en la que se encuentra un grupo de héroes improbables. Un intrépido espía involucrado en una gran conspiración. Un mago obsesionado con la venganza. Y Annaïg, una joven en cuyas manos puede estar el destino de Tamriel.
Hace un par de semanas, estaba yo leyendo felizmente el último libro de Ken Follett cuando apareció Nick Hornby y, sintiéndolo mucho, tuve que dejar el siglo XX atrás para dedicarme por completo al siglo XXI. Llevaba tanto tiempo viendo este libro en inglés que, en cuanto lo tuve en mis manos, comencé a leerlo. Música, hombres y mujeres se vuelven a entremezclar al más puro estilo Hornby.
Annie y Duncan están cerca de la cuarentena y son una pareja de hecho desde hace quince años. Viven en una pequeña ciudad de la costa de Inglaterra, un lugar gris donde antes veraneaba la clase obrera. Ambos son funcionarios, llevan una vida tranquila de pequeños placeres, y parecen hechos el uno para el otro. Pero están en la frontera de la temida adultez, y a Annie le inquieta ese paso del tiempo sin pasión ni emoción en el que parecen hundidos, la juventud que se acaba sin propuestas de futuro, y sobre todo, sin hijos. Porque toda la pasión de Duncan se concentra en Tucker Crowe, un músico americano que tras un espléndido álbum, Juliet, desapareció para siempre y vive recluido no se sabe dónde. Pero Annie, Duncan y el reaparecido Tucker comienzan a cruzarse por los caminos de internet, y también a encontrarse en la realidad más real, descubriendo que la vida nos da sorpresas y que todo, aun en el límite de la madurez, puede cambiar.
Al igual que la miel atrae a las moscas, los “asteroides” me atraen a mí. Tras leer y conocer la vida de una ama de casa desquiciada, tenía que ver la otra cara de los años cincuenta norteamericanos: la vida de todos aquellos hombres que, ataviados con trajes de franela gris, acudían día tras día a trabajar en la gran ciudad.
En la sociedad norteamericana de los cincuenta, casi todos los hombres de clase media-alta llevan vidas similares: viven en urbanizaciones a las afueras de las ciudades, van cada día a trabajar en tren, visten trajes de corte parecido y, al llegar la noche, se relajan con la copa que les ha preparado su mujer. Se supone que no se puede pedir más a la vida. Como Tom Rath, que también parece tenerlo todo: una bonita casa, tres hijos, una mujer que le quiere y un sueldo razonable. Sin embargo esa aparente fachada no logra aplacar su angustia: abducido por su trabajo en una gran corporación y perseguido por sus recuerdos de la segunda guerra mundial, Tom no es capaz de sosegarse. Mundialmente aclamada tras su publicación en 1955, la novela El hombre del traje gris está considerada como una de las obras que mejor han sabido captar el espíritu de los cincuenta; su aparición supuso la acuñación de la frase «hombre de traje gris» para resumir todo un estilo de vida. La historia de un hombre que intenta encontrar el verdadero sentido de su trabajo y de su vida en la ajetreada sociedad moderna tiene hoy tanta actualidad como en el momento en el que se publicó.
Si hay un libro que haya sido prohibido y rechazado por sus escenas subidas de tono, ese es El amante de Lady Chatterley. Fue publicado por primera vez en Italia en 1928 y no pudo publicarse en Reino Unido hasta los años 60. Las mujeres de mediados del siglo pasado lo leían a escondidas, hoy afortunadamente ya no lo hacemos (a pesar de que algunos se queden mirando como tontos la portada).
Constance Chatterley se había casado con el adinerado sir Clifford en 1917. Pero su marido fue herido fatalmente en la Primera Guerra Mundial y se vio confinado en una silla de ruedas para el resto de sus días, paralítico e imposibilitado para satisfacer a su mujer. Retirados en su mansión campestre, Constance ve cómo su vida y su juventud se escapan. Ama a su marido, pero tiene que responder a la pulsión de la naturaleza. Y allí, cerca del bosque, sus sentidos le exigen una reparación: Oliver Mellors, el callado guardabosques de las tierras de los Chatterley, un hombre fuerte, desinhibido, salvaje y apasionado, se encargará de proporcionar a Constance lo que su marido ya no puede darle.
Sin duda, lo que en un principio me llamó la atención de este libro fue su título y su sugerente cubierta. Pero después de leer la contraportada lo decidí: quería leerlo. Una joven recién graduada en la universidad suelta por un París lleno de bohemios. Como dice Terry Teachout en el prólogo: «Ciertas buenas novelas están destinadas a ser perpetuamente redescubiertas, y me temo que Te quiero verde, de Elaine Dundy, es una de ellas.» Y yo la he redescubierto.
Henry James y Edith Wharton escribieron sobre los avatares de toda joven estadounidense que descubre Europa. Pero es Sally Jay, el personaje creado por Elaine Dundy en Te quiero verde, la que nos dice lo que está pensando realmente. Encantadora, sexy y divertida, Te quiero verde se convirtió en una novela de culto desde su primera publicación en 1958, y sigue siendo el retrato intemporal de una mujer apasionada por la vida.
«Tomad a una chica de 21 años llamada Sally Jay, flamante graduada universitaria y llena de energía. Soltadla en la ribera izquierda de París. Añadid un diplomático italiano, un director de teatro, una pareja de artistas y un traficante de esclavos. Mezclad hasta la efervescencia. El resultado: exquisitas horas de lectura divertida y apasionante. En suma, juegos y juergas.» – Newsweek
La reseña de hoy es sobre uno de los libros más vendidos en EE.UU. Después de varios meses de su publicación todavía se mantiene en el 6º puesto de BookDepository. Quizá la portada de la edición española de Criadas y señoras me había mantenido alejada, ya que no me atrae lo más mínimo. Pero después de leer varias reseñas en inglés que lo ponían muy bien, decidí leerlo yo también.
Tras terminar sus estudios, la joven Skeeter vuelve a su casa en la muy conservadora ciudad de Jackson, Misisipi. Estamos en 1962 y se supone que su máximo objetivo debe ser el de buscarse un marido, pero Skeeter sueña con una vida diferente, entregada a la literatura. Aibeleen, como la mayoría de las mujeres negras de la ciudad se dedica a servir en las casas de los ricos. Su mejor amiga es Minny, una gran cocinera, cuyo fuerte carácter le ha valido la enemistad de las ricas mujeres blancas de la ciudad. Estas tres mujeres, ahogadas por una sociedad puritana y racista, unirán sus esfuerzos para llevar a cabo un proyecto clandestino y liberador.
La polémica vende. O eso dicen. Zonas húmedas llegó a España hace varios meses después de escandalizar media Europa. Charlotte Roche ha escrito una novela que habla de los fluidos corporales del mismo modo que una novela negra habla sobre asesinatos. Sin ningún tipo de pudor ni de recato.
Tras causarse una fisura anal por apurar su depilado íntimo, Helen, la adolescente protagonista de este relato-confesión, se encuentra en la unidad de Medicina Interna, y mientras espera analiza aquellas regiones de su cuerpo que la opinión biempensante suele considerar poco propias. Porque a Helen la mueve una indomable curiosidad por sus recovecos y orificios. En efecto, a la muchacha le gusta el sexo: en solitario o en pareja; por vía anal, oral y vaginal, menstruando o con chocolate… Y el lector se deja contagiar por la risa de esta antiheroína moderna, que elabora sus traumas infantiles con un lenguaje fresco y trufado de guindas poéticas. Una primera novela transgresora, equilibrada con humor e ironía, que ha encabezado durante meses los ránkings de venta alemanes y ha sido el primer libro del ámbito germano en alcanzar la cumbre de la lista mensual de best-sellers mundiales según Amazon, con más de un millón y medio de ejemplares vendidos y 25 traducciones.
Unas semanas antes de irme de vacaciones me propuse algo: leer al menos un libro en inglés al mes. Miré en las pocas estanterías que tenemos en la librería y escogí un libro, Brooklyn de Colm Tóibín. No conocía de nada al autor y el libro no estaba publicado en España. En la portada se podía leer “Ganador del premio Costa 2009″ y me dije ¿por qué no? La verdad, no podía haber escogido un mejor libro para comenzar my english adventure.
Eilis Lacey, original de un pequeño pueblo de Irlanda, no duda en aceptar un trabajo en América. Se abre paso en Brooklyn, superando la nostalgia y los rigores del exilio e incluso encontrando un primer y gran amor. Pero algo trunca su camino, pues pronto le llegan noticias trágicas de Irlanda y Ellis se ve obligada a volver. El peso de su familia y su pasado devoran sin piedad el nuevo y frágil mundo que había empezado a construir al otro lado del océano. Brooklyn es una novela de una compleja sencillez y de un poder sobrecogedor, uno de los grandes libros de los últimos tiempos.
Tras un par de semanas de vacaciones y de abandono del blog estoy aquí otra vez con una nueva reseña. La editorial Nocturna fue tan amable (hace algunos meses ya) de enviarme un ejemplar de La guía completa de Fantasilandia de Diana Wynne Jones y hasta ahora no había podido hacerle una crítica como Dios manda. Si sois aficionados al género fantástico (fantasía épica sobre todo) no os podéis perder el libro que os presento, ya que seguro que os sacará más de una sonrisa.
En Fantasilandia, los unicornios, las brujas y los vampiros son algo corriente. Uno puede saber si una persona es buena o mala basándose en su color de ojos y en la ropa que viste. Hay universidades invisibles donde estudian los magos, mansiones habitadas por fantasmas y reinos escondidos. Los príncipes suelen ser herederos desaparecidos; los herederos desaparecidos, príncipes o miembros del gremio de ladrones. Diana Wynne Jones, autora de El castillo ambulante, sitúa en Fantasilandia a todos los personajes y lugares más habituales de los libros de literatura fantástica, donde todo el mundo lleva capas (algunas de invisibilidad), las estrellas predicen el futuro y los anillos tienden a incluir maldiciones.












